Al llegar a su gira por Europa, el presidente Alberto Fernández se mostró conforme con las respuestas públicas que lanzaron sus ministros para enfrentar los cuestionamientos a la política económica que lanzó Cristina Kirchner, quien desde hace días le declaró la guerra abiertamente.

En tal sentido, el Jefe de Estado avanzó otro escalón al afirmar que las diferencias con Cristina Kirchner se dirimirán en las próximas elecciones presidenciales en unas PASO. “Yo en noviembre lancé el debate y planteé que debatamos y vayamos a las PASO”, dijo el Presidente a un miembro de la comitiva que lo acompaña en España. Fue un aval a las respuestas disparadas desde la Casa Rosada contra las críticas de Cristina Kirchner y una eventual definición electoral.

Anteriormente, los ministros de Fernández, Martín Guzmán y Matías Kulfas, salieron a respaldar al presidente. Guzmán aludió a la bomba de tiempo de los subsidios energéticos que Cristina Kirchner dejó a sus sucesores y a la falta de dólares que motivaron el primer cepo. “Qué país del mundo ha podido encauzar una senda de desarrollo teniendo subsidios energéticos de tres o cuatro puntos del PBI”, lanzó Guzmán. Y remató con sus críticas a las inconsistencias “macroeconómicas” que legó Axel Kicillof cuando abandonó el Ministerio de Economía. Luego, el propio Presidente recordó, junto al sindicalista Héctor Daer, que durante el gobierno de Cristina Kirchner se ocultó la medición de la pobreza.

En otras palabras, Alberto Fernández y sus ministros replicaron que durante el segundo mandato de Cristina Kirchner se  ocultaban problemas económicos cada vez más graves y se escondía la pobreza que dejaba a su paso.

La descripción del gobierno de Cristina Kirchner que comenzó a trazar el Gobierno contrasta con la imagen idílica que buscó transmitir la vicepresidenta en la universidad del Chaco Austral, donde rememoraba una Plaza de Mayo llena que la despedía agradecida al finalizar su mandato.

Sin embargo, el Presidente se despegó de la responsabilidad del combate. “Yo nunca me subí al ring”, contestó Fernández, cuando un miembro de la comitiva lo consultó sobre la nueva estrategia. En el sentido de la respuesta presidencial, la culpa de la escalada recae sobre la vicepresidenta y La Cámpora, a quienes el Gobierno señalan por el daño que sus críticas generan sobre la política económica de Guzmán.

“Si yo me peleo, lo hago con los otros”, tomó distancia el Presidente, según reconstruyeron quienes lo acompañan en el viaje. “Los otros”, en este caso, son los miembros de la oposición, no el kirchnerismo. Así, la estrategia que puso en marcha el Presidente exhibe una suerte de acción y reacción. Si critican, se contesta. El problema es que los cuestionamientos se vuelven cada vez más personales. La vicepresidenta pasó de los anónimos “funcionarios que no funcionan”, a apuntar a Kulfas, Guzmán y Fernández en forma directa, intentando instalar la idea de que le advirtió al Presidente sobre los problemas que se avecinaban, pero fue ignorada. El esfuerzo de Cristina Kirchner busca tomar distancia de toda culpa, en especial, del daño que causa la inflación en sus votantes.

Ese precisamente es el límite más brutal de toda la confrontación discursiva. El Presidente necesita que la inflación comience a ceder, como le promete Guzmán que ocurrirá, porque de lo contrario, las celebradas respuestas del ministro se las llevará el viento del deterioro económico. Esta semana se conocerá el índice de precios de abril. Y las palabras dejarán lugar a los números.

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