El origen de todos los males del país

Inflación y corrupción son dos factores de una política que estuvo décadas en el poder y que indudablemente ha generado pobreza.

Señalar que las crisis económicas que ha sufrido el país en los últimos años son solamente de origen económico es ingenuo y hasta de mala fe. El Gobierno nacional recibió en el 2015, tras la salida de Cristina Fernández de Kirchner, un país con grandes desfalcos económicos los que estaban – sin lugar a dudas- destinados a generar más inflación, déficit y recesión, ante la inminente pérdida de las elecciones del poder de turno en ese entonces. Durante ese período, Argentina se distanció del mundo financiero hasta el punto de dejar de recibir financiación de los mercados.

En un tiempo en que la economía del país no pasa por sus mejores momentos, debido a la corrida cambiaria originada por la falta de credibilidad de los mercados financieros internacionales y los recientemente descubiertos escándalos de corrupción ocurridos durante el kirchnerismo que salpican no solo al ámbito político sino también al sector empresarial y gremial de nuestro país , debemos terminar de comprender que algunos de estos sectores son plenamente responsables del deterioro de la economía por acción u omisión

Los sindicatos y los empresarios son actualmente los sectores más desprestigiados de nuestro país, seguidos por la justicia. Según encuestas de opinión de diversas consultoras, la confianza de los ciudadanos en el poder judicial ha caído debido a la demora en el avance de los juicios de corrupción. Esa desconfianza tiene un claro impacto en la inflación y en la economía y afecta a todo el sistema. El país deja de ser creíble en el mundo económico mundial y los inversores afirman que es muy difícil recuperar la confianza en la economía argentina si no se recupera la confianza en la ley y en la Justicia, es decir, si no existe seguridad jurídica.

El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejó un país quebrado con niveles muya altos de corrupción. Corrupción enquistada en cada segmento de la política, del sector empresario y gremial. Dejó un país con muy alta inflación y cero reservas en el Banco Central, algo que el Gobierno de Mauricio Macri está dispuesto a combatir de raíz, pero dejando que sea la justicia quien actué de acuerdo a lo que marca la ley. No hace falta indagar mucho más sobre la responsabilidad de los gobiernos de los últimos ochenta años cuando Argentina era una potencia y terminó siendo un país subdesarrollado.

El  kirchnerismo construyó su poder en base a la descalificación del adversario político, el desfalco de las arcas de la república a través de clientelismo y la cartelización de la obra pública, hechos de corrupción por los que prácticamente todo lo que fue el gabinete de CFK se encuentra hoy detenido, imputado o procesado. Dejó también como herencia un 35% de pobreza y el asesinato de un fiscal de la República que investigaba a la Presidente de la Nación como encubridora del atentado a la AMIA.

Por otra parte los sindicatos –también llamados “la monarquía sindical”- han sido cómplices del vaciamiento del Estado, olvidando cuestiones ideológicas como la justicia social, y se convirtieron en meros negociadores de intereses propios. De esta manera, nos hemos encontrado con sindicalistas que alguna vez supieron ser obreros y hoy se han convertidos en multimillonarios. Que negocian no sólo la mejora del salario del trabajador, sino también su lujoso estilo de vida, a costa de aprietes, tomas, marchas y generación de disturbios, sosteniendo que su visión es la única verdad.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades, de las marchas y contramarchas, la actual gestión ha puesto nuevamente a la Argentina en el mapa de la economía mundial – como país emergente – atrayendo nuevos inversores y realizando alianzas estratégicas con los países del primer mundo. Esto sumado a la lucha que lleva a delante desde lo institucional para intentar recuperar la confianza de los capitales extranjeros.

Argentina hoy necesita de los argentinos, sin distinción de colores o creencias, necesita crecer y convertirse en un país de verdad, en donde la justicia actúe para que los que robaron devuelvan lo que es de la gente y paguen el vaciamiento que le generaron al país.

A lo largo de la historia, muchos países han caído y se han levantado convirtiéndose en grandes potencias, pero ese crecimiento llego de la mano de una actitud responsable, de trabajo mancomunado y de funcionamiento pleno de las instituciones. No existen soluciones mágicas ni se debe pretender que el vaciamiento de más de medio siglo sea solucionado en poco tiempo. Este es el momento en que cada argentino debe hacer su parte y en el que quien robó y estafó al país cumpla con las penas que la ley indica.

Muchos exfuncionarios detenidos, imputados y procesados juraron por Dios y la Patria desempeñarse honesta y eficientemente en el cargo en el que fueron investidos. No cumplieron con su juramento ante la constitución, llegó el momento de que la nación se lo reclame.

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