Intersexualidad: un tema que fue taboo durante mucho tiempo y ahora sale a la luz

La historia de vida de Valeria demuestra cómo se ha ido tratando la intersexualidad en la sociedad. Hoy ella lo cuenta orgullosa.

“Soy una mujer intersexual”, así se define Valeria, una joven de 30 años nacida en Bariloche, a quien al momento de su nacimiento los doctores no pudieron cumplir con el protocolo de asignación de sexo, ya que ella era distinta.

“A los 7 años lo pregunté por primera vez, me di cuenta que mi cuerpo era distinto al de los demás”, así comienza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella temporada), que era muy probable que no pudiera ser madre de grande. Además, que no tenía que decírselo a nadie a fin de que no me discriminaran”, relata la joven sureña.

“Como mi cuerpo era diferente, los doctores le plantearon a mis padres que había que corregirlo, por el hecho de que mi genitalidad no se correspondía con los parámetros ‘normales’ establecidos”, cuenta Valeria.

Los médicos modifican los genitales que no saben diferenciar si son muy chicos “para ser penes” o bien “muy grandes para ser clítoris”. Una persona intersexual puede poseer distintas variantes en su cuerpo, al igual que poseer vulva y vagina, pero no contar útero y ovarios. En el sistema médico tradicional se le asigna un sexo, a través de una operación al cuerpo de una persona -en este caso un bebé que no puede dar su consentimiento, ni autopercibirse-.

Sus padres entendieron que si no corría peligro su vida no era conveniente someterla a una operación. “Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos. Sin embargo, ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida.”.

“La intersexualidad no es una identidad de género. El género es una construcción social y personal, cualquiera puede definirse tal como no binarie o trans. Lo nuestro es una diversidad corporal, no lo elegimos. Es lo que nos toca al nacer y es lo cual nos dicen que está mal. El sistema médico nos obliga a modificarnos para ser un varón o bien una esposa”, explica.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 1,7% de la población no entra dentro de las categorías biológicas del binarismo celeste-rosa de las salas de neonatología. No obstante, no todas y cada una de las corporalidades tienen la misma apariencia.

Valeria reconoce el privilegio de no haber sido mutilada. “Con el tiempo pude tomar conciencia de que mi cuerpo no estaba mal, que no era yo el problema, y empecé a cuestionarme por qué debía adecuarme a un sistema binario”, relata Valeria.

Valeria llega hoy al 34° Encuentro Nacional de Mujeres, donde se efectuará -por primera vez en la historia- un taller sobre las personas intersexuales. Ella se define como una esposa intersexual y una mujer mapuche. “Esa es mi identidad”, dice orgullosa.

Fuente: entrevista de Infobae.

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