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Jardín Aeropuerto, un barrio olvidado por la gestión

Impericia, incompetencia o ineptitud, varios son los epítetos con los que se podría nombrar a la gestión municipal a la hora de resolver los problemas de la ciudad.

Muchas veces, el llamado de los vecinos a la prensa responde a la necesidad de visibilizar un problema luego de haber golpeado muchas puertas sin poder conseguir respuestas por parte de quienes deberían darlas.

Tal es el caso de los residentes del populoso barrio Jardín Aeropuerto, ubicado en el lado norte de la ciudad Capital, quienes desde hace muchas gestiones sienten el abandono de los funcionarios municipales y también provinciales.

Calles rotas, enormes baches, basura por doquier, falta de iluminación, cloacas rebalsadas y problemas de presión de agua son algunos de los problemas con los que se enfrentan día a día.

A este grave problema hay que sumarle que las problemáticas antes mencionadas, terminan convirtiéndose en aliadas de los llamados “amigos de ajeno”, quienes ante la falta de iluminación aprovechan a cometer toda clase de fechorías ante el amparo de las sombras de un barrio oscuro, en el que la policía no patrulla por falta de recursos.

Los reclamos a las autoridades son muchos y el teléfono 147 de emergencias de la municipalidad no da respuestas, no comunica las denuncias, por lo que cada reclamo realizado cae en un saco roto.

Barrio Jardín Aeropuerto

La falta de recolección de basura también genera inconvenientes que terminan siendo caldo de cultivo para la propagación y proliferación de todo tipo de enfermedades derivadas de la falta de saneamiento y que ponen en riesgo la salud pública.

Además, el recorrer en automóvil la zona podría convertirse en una aventura peligrosa que puede salir muy caro para cualquier automovilista, debido a que los baches son comparables con los cráteres dejados por un bombardeo en una zona de guerra.

Los problemas son cientos, sin embargo las respuestas son nulas. En época de campaña los candidatos recorren y prometen el oro y el moro, no obstante, finalizado el periodo de pedido de voto pierden la dirección del lugar y ya no atienden los teléfonos de quienes reclaman sólo lo que les corresponde: vivir dignamente.

A esta altura, el aporte de los contribuyentes parece que queda en una nebulosa, las obras no se realizan y las inversiones que la zona necesita tampoco, a pesar de que los impuestos suben cada día mientras el barrio se desvaloriza.

El problema no se llama Tamayo, Ponce, Rodriguez Saá o cualquier otro. Se llama inoperancia, falta de compromiso y planificación, y sólo se solucionará el día que nuestros representantes ejecutivos cumplan con el rol por el cual fueron votados, piensen en el bienestar de la sociedad y no vean al vecino solo como un voto a captar.