San Luis: Devastada y fundida

La tierra de los buenos amigos ahora también será recordada como la tierra del despilfarro económico.

Tras muchos años de ser considerada una provincia ordenada y prolija en cuanto a sus arcas, San Luis hoy evidencia el costo que tiene el clientelismo y la dádiva al cerrar con un déficit primario, poniendo en riesgo toda la economía, el pago de sueldos y los planes sociales.

Tras la salida del Gobierno de Cristina Kirchner, el Ejecutivo nacional transfirió de manera automática a las provincias una mayor cantidad de recursos.

Gracias a esto, aquellas provincias deficitarias pudieron crecer alrededor de 6,7 puntos porcentuales. Ese recurso pasó de 40,5% en 2015 a 47,2% en 2018, sobre el total de los recursos tributarios nacionales, así como también creció el porcentaje de coparticipación a las provincias a valores históricos.

Gracias a esta acción realizada por el Gobierno de Mauricio Macri, las provincias deficitarias lograron cerrar sus cuentas con superávit por primera vez desde 2014.

Sin embargo, en San Luis la historia fue totalmente opuesta a la del resto del país, ya que paso de registrar un balance primario superavitario en 2015 al cierre de 2018 cuando cerró con un grave déficit primario y operativo, a pesar de haber recibido el mayor caudal de ingresos en la historia por parte del Gobierno nacional.

El año pasado, nuestra provincia recibió $26.592 millones de recursos nacionales, frente a los recursos propios que ascendieron a $6.588 millones. Es decir, el 78,17% de los recursos tributarios que dispone San Luis provienen del Estado nacional. Algio muy diferente a lo que pregona tanto el gobernador como la ministra Chacur, quienes tienen la historia cambiada o no quieren hacerse cargo del agujero negro que crearon y que hoy salta a la vista.

Las Cuentas de Inversión de los años 2016 y 2017 ya pronosticaban este desequilibrio fiscal. De hecho en 2017, luego de las elecciones, la oposición provincial señaló en la Cámara de diputados que la provincia tenía en ese momento un déficit de $846 millones, producto del despilfarro económico que le significó al oficialismo provincial revertir el resultado de la elección primaria de ese año en menos de dos meses.

A esto hay que sumarle que el Gobierno de Rodríguez Saá ha tenido la peor administración de los recursos de todos los sanluiseños y esto repercute visiblemente en la ejecución de los gastos de capita, dado que se ha dejado de lado la Obra Pública necesaria y no ha habido inversiones significativas en ningún área.

El despilfarro de los erarios públicos de la provincia trae como consecuencia, graves problemas en la salud pública, la seguridad, la seguridad social y en la educación pública, la cual según señalan los gremios esta siendo devastada por la implementación de las llamadas escuelas generativas.

Desde que Alberto Rodríguez Saá asumió el cargo de gobernador en 2015, nuestra provincia perdió 20 veces más puestos de trabajo que la media nacional, haciendo que la pobreza crezca de manera alarmante.

A pesar del discurso y la crítica del gobierno provincial hacia la gestión de Mauricio Macri, la realidad demuestra que hoy San Luis depende directamente de las transferencias enviadas por la Nación para poder hacer frente el pago de salarios y el sostenimiento de la economía. Algunos economistas sostienen que de mantenerse esta tendencia al gasto desmesurado y a la falta de inversión, San Luis terminará convirtiéndose en un páramo quebrado, producto de la pésima administración y la ineptitud de un Gobierno provincial  que sin lugar a dudas ya se convirtió en el peor de la historia de la provincia.