Por Gastón Binet

Director SLR

Ese 14 de junio a las 19:55 familiares de la menor dieron aviso a los servicios de emergencia que cerca de las 19.10. Guadalupe Belén Lucero había sido vista por última vez en la Manzana H Casa 5 del barrio 544 viviendas, en el sector sur de la ciudad. En aquel momento su abuela señaló a medios periodísticos que la nena jugaba en la vereda con sus hermanos y primos, a la rayuela, cuando entró su prima a la casa diciendo ‘Guadalupe no está’. Al momento de faltar de su casa, Guadalupe vestía una calza de color rosa, un buzo del mismo color con la inscripción “Love”, botas negras y una campera tipo parca, también de color negra.

Hace exactamente un año todo San Luis se conmocionaba con la noticia de que una niña había desaparecido en el sector sur de la ciudad, no obstante, nadie imaginó que esa ausencia se iba a transformar en un calvario que lleva ya un año.

A partir de allí todo fue desorden, desinformación y ausencia del Estado. A partir de ese doloroso momento en el que Guadalupe faltó de su casa, las tareas investigativas tardaron horas en iniciarse cientos de policías recorrieron las zonas de búsqueda contaminando cualquier rastro que pudiese encontrarse.

Los controles en pasos interprovinciales fueron un chiste, las requisas se realizaban de manera esporádica, dejando en evidencia que la provincia de San Luis era un colador en el que cualquiera entra o sale, sin que se le requiera documentación alguna.

Llegaron a San Luis perros entrenados en la búsqueda de personas de diversos puntos del país, porque paradójicamente el mejor perro entrenado para eso, murió el mismo día que la niña desapareció. Conforme los días fueron pasando llegó la nieve y el frio, el rastrillaje realizado con policías caminando delante de los perros de búsqueda continuó contaminado cualquier rastro de la niña. Los entrenadores de los perros de búsqueda se quejaron de esta situación, sin embargo, sus reclamos no fueron tenidos en cuenta por el Gobierno provincial.

La ausencia del estado provincial fue absoluta, si bien la búsqueda comenzó la misma noche en la que Guadalupe desapareció, se tardaron muchas horas en actuar. Sumado a esto, el Gobernador recién recibió a familiares de la niña 17 días después de su desaparición y mientras el «Ministro de inseguridad», Luciano Anastasi, señalaba estar en constante comunicación con la familia, los padres de Guada le exigían al funcionario a través de los medios ser atendidos.

Cuatro días después de la desaparición de Guadalupe, a través de la resolución 289/2021, el Ministerio de Seguridad de la Nación, informó que ofrecía una recompensa de 2 millones de pesos para aquellas personas que brinden datos útiles que permitan dar con el paradero” de la niña., dicha recompensa aumentó el 1 de septiembre a través de la resolución 434/2021, la cual informaba que el monto se incrementaría a 5 millones. Paradójicamente a esto se suma que el Gobierno de Rodríguez Saá no ofreció recompensa alguna, cuando bien podrían haberse destinado los fondos que el Gobernador tiene para gastos reservados y que no son rendidos. ¿Acaso era más importante el gasto reservado del primer mandatario que encontrar a Guadalupe Lucero?

En un intento de demostrar que estaba haciendo algo, el Gobierno de San Luis, de la mano de su ministro de Inseguridad convocó a mentalistas, parapsicólogos y cuanto charlatán estaba cerca, a fin de dar con el paradero de la niña, algo que tampoco dio frutos y terminó embarrando más la causa.

En los primeros meses se realizaron más de 400 allanamientos, algunos dieron positivo (por violar la ley de estupefacientes), se tomaron más de 900 declaraciones, cientos de celulares fueron peritados se realizaron más de 1500 rastrillajes, algunos en el mismo sector, y se peritaron cientos de horas de cámaras de seguridad, (ninguna de la zona en la que Guadalupe desapareció, ya que en esa zona no había).

Al llegar la campaña electoral, el Gobernador envió cartas digitales a distintos números telefónicos de vecinos de San Luis pidiendo el voto para sus candidatos, sin embargo, lo curioso de esto es que, ese pedido de voto se realizó desde el mismo servicio de envío masivo de mensaje que en el mes de junio -desde el número 30003- se reenvió un mensaje masivo que decía: “Guadalupe Lucero desapareció del Barrio 544 Viviendas de la ciudad de San Luis. Cualquier información llamá al 911”. Esta situación generó muchas críticas, las cuales por cierto fueron nuevamente desestimadas.

Luego de seis meses de inoperancia y de una falta de autocrítica de parte del gobierno provincial, la causa pasó al fuero federal. Donde no se han presentado-hasta el momento- mayores novedades más que el hallazgo de ropa y restos óseos en cercanías del lugar en el que la nena desapareció, los cuales resultaron ser de un animal.

Lo cierto es que, a un año de la desaparición de Guadalupe Belén Lucero todo está como al principio, desde el ministerio a cargo de la seguridad no se estuvo ni se está a la altura de las circunstancias y aunque es claro que Anastasi debería haber dejado el cargo por inoperancia, la protección del Feudo lo cuida, como no cuidó a Guadalupe.

A un año de la desaparición que duele, conmueve y afecta a todo el país, todo está confuso, sin avances, sin respuestas. En casa la espera una madre angustiada, una familia destruida por el dolor y la tiza de la rayuela.

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